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Los 14 caprichos de Edurne Pasaban

Esta es una historia de amor con final feliz. La alpinista Edurne Pasaban coronó ayer el Shisha Pagma (8.027m.), el último ochomil que le faltaba para completar la ascensión de las 14 montañas más altas del planeta, los 14 gigantes de hielo. El Himalaya le entregó a la alpinista un simbólico “si, quiero” y Edurne, junto a su equipo, vertió lágrimas de alegría en la cima.

Y no es para menos. Son 9 años de relación que empezaron en el Everest en el 2001. Edurne Pasaban (Tolosa, 1973), licenciada en Ingeniería Industrial y MBA, decidía dedicarse a la montaña.  Ella le entregaba al Himalaya su fuerza, sus ganas y sus sueños, y la montaña le recompensaba en forma de victorias, emociones y recuerdos para la historia.

Aunque también han pasado por malos momentos: la montaña le ha enseñado a Edurne su peor cara varias veces. Probablemente la peor crisis fue el descenso del K2 (2004) que estuvo a punto de costarle la vida y que hizo replantearse su carrera como alpinista. Se tomó un respiro y pedaleó durante dos meses por Mongolia. Recuperó la ilusión. Y, superado el bache, la tolosarra volvió cada año, sin fallar ni una primavera. De esta manera triunfó el amor. Con colofón final, dos cimas en una expedición de 73 días: el peligroso Annapurna (8.091m.) y el pequeño Shisha Pagma.

A Edurne le gusta escribir. Y gracias a ello sus seguidores han podido estar conectados a toda la expedición a través de su blog. Entre un mar de textos existe una frase donde –antes de partir- la alpinista reflexionaba: “cuando en un futuro mire atrás, con serenidad y perspectiva, seguramente llegue a la conclusión de que estos han sido los mejores años de mi vida”.

Son, por lo menos, los años que han servido para romper un techo de cristal – de hielo en este caso. Hasta esta primavera nunca una mujer había conseguido pisar todas las cimas. Hace dos semanas Oh Eun Sun terminaba sus 14 en el Annapurna y ayer lo hacía Edurne Pasaban. Un año para la historia del alpinismo. Y aunque la carrera esté envuelta en polémica por una cumbre dudosa de la surcoreana –el Kangchenjunga-, los méritos de Edurne quedan intactos. Triunfó el amor.

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